Chanel sigue los pasos de Hermès y limita la venta de sus bolsos

Nada puede resultarle a nadie más exclusivo que aquello que no puede tener. Ese es a grandes líneas el principio por el que bien podría resumirse la esencia de una industria del lujo, cuya piedra angular se sostiene sobre la máxima de una exclusividad que desaparece en la medida en que sus artículos se hacen accesibles para una gran mayoría. Siendo este un peligro latente que están ayudando a estimular las plataformas de reventa que proliferan en estos tiempos en favor de la circularidad, muchas de ellas además especializadas en la compraventa de artículos de firmas de lujo. Algo que no inquieta en demasía a las grandes compañías del sector, que incluso las incentivan con colaboraciones o incluso entrando en su capital —véase el caso de Vestiaire Collective y Kering—, para lo que sin embargo no quita para que estén comenzando a adoptar ya medidas dirigidas a reforzar ese aura de “exclusividad” de sus colecciones y diseños más recientes. Una política sobre la que ha decidido profundizar firmemente la casa de modas Chanel.


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