Diez años después del Brexit: así han aprendido las marcas europeas a vivir sin el Reino Unido
Considerado durante mucho tiempo la principal puerta de entrada al mercado europeo, el Reino Unido ocupa ahora un lugar mucho más marginal en la estrategia comercial de las marcas del continente. Los últimos datos de Joor muestran que, en menos de 10 años, los flujos del wholesale se han reorganizado profundamente.
Las marcas europeas han encontrado otras vías de crecimiento, mientras que los minoristas británicos se están decantando progresivamente por nuevos proveedores. Una recomposición que redibuja de forma duradera el mapa de la moda europea.
Durante varias décadas, Londres fue el epicentro ineludible del comercio de la moda en Europa. El Reino Unido representaba a la vez un potente mercado nacional, un escaparate internacional y un punto de acceso privilegiado al continente. Diez años después del referéndum de 2016, este equilibrio ha cambiado profundamente.
El Brexit no ha provocado el colapso anunciado del comercio. Ha producido algo más sutil, pero sin duda más duradero. Las empresas se han adaptado. Las cadenas de suministro se han rediseñado. Las redes de distribución se han reorganizado. Y, sobre todo, las marcas europeas han dejado de considerar progresivamente al Reino Unido como un mercado prioritario.
Los datos exclusivos de la plataforma mundial de wholesale Joor, que agrupa las transacciones de más de 14,000 marcas y 700,000 compradores de 150 países, permiten hoy medir esta transformación.
Las marcas europeas nunca han vendido tanto sin el Reino Unido
La primera conclusión es casi contraintuitiva. Entre 2017 y 2025, el volumen global de ventas de las marcas europeas presentes en Joor se ha más que triplicado. Al mismo tiempo, la cuota correspondiente a los minoristas británicos se ha desplomado. En 2017, los compradores británicos representaban casi el 12 por ciento de las ventas de las marcas europeas. En 2025, suponen menos del 4 por ciento. En otras palabras, las marcas europeas venden mucho más que antes, pero mucho menos en el Reino Unido.
Este crecimiento está ahora impulsado casi exclusivamente por los minoristas establecidos en la Unión Europea y en el resto del mundo. Por lo tanto, el Brexit no ha frenado su desarrollo, sino que ha acelerado su diversificación.
Para muchas firmas francesas, italianas, españolas o escandinavas, el Reino Unido se ha convertido progresivamente en un mercado más, y ya no en un eje de crecimiento prioritario.
Los distribuidores europeos repatrían sus inversiones
La ruptura es aún más evidente al observar el comportamiento de los compradores europeos. Antes del Brexit, las marcas británicas representaban el 17 por ciento de las compras realizadas por los minoristas europeos en Joor. Ocho años más tarde, esta proporción ha caído por debajo del 7 por ciento.
Al mismo tiempo, las enseñas europeas han reforzado considerablemente sus compras a marcas del continente. Su cuota en los surtidos ha pasado del 54 por ciento al 69 por ciento.
La lógica es tanto económica como operativa. Desde la salida del Reino Unido del mercado único, los costes administrativos se han multiplicado. Trámites aduaneros, plazos logísticos, gestión del IVA, normas de origen de los productos... son todo limitaciones que complican las importaciones.
Porque, contrariamente a la creencia popular, la exención de derechos de aduana entre el Reino Unido y la Unión Europea solo se aplica plenamente si los productos cumplen las normas de origen estipuladas en el acuerdo comercial. Sin embargo, gran parte de la ropa vendida por las marcas británicas se fabrica en Asia. En estos casos, pueden seguir aplicándose costes adicionales. Para los compradores europeos, dar prioridad a una marca de Milán, París o Copenhague se ha vuelto, en muchos casos, más sencillo y competitivo.
El Reino Unido también se aleja de las marcas europeas
El movimiento dista mucho de ser unilateral. Los distribuidores británicos también han revisado en profundidad sus estrategias de aprovisionamiento. En 2020, las marcas europeas todavía representaban el 51 por ciento de sus compras en Joor. En 2025, esta cuota es de solo el 29 por ciento.
Una vez más, el aumento de los costes logísticos explica en gran medida esta evolución. Los minoristas británicos se decantan más por las marcas locales, pero también por proveedores de fuera de Europa cuando las condiciones de importación son más favorables.
Esta recomposición refleja una fragmentación progresiva del mercado europeo de la moda, que ahora funciona con una lógica regional mucho más marcada que antes de 2020.
Las marcas británicas resisten mejor de lo previsto
Paradójicamente, las marcas británicas se perfilan como los actores más resilientes de esta nueva configuración. Su exposición al mercado europeo se mantiene relativamente estable. Los compradores europeos siguen representando entre el 28 por ciento y el 32 por ciento de sus ventas, un nivel comparable al observado antes del Brexit.
Hay varias explicaciones. Algunas casas británicas gozan de una gran fidelidad por parte de su clientela europea, sobre todo en el segmento premium y de lujo. Y lo que es más importante, muchas marcas han adaptado rápidamente su organización logística.
Para eludir las nuevas barreras administrativas, han abierto almacenes en los Países Bajos, Alemania o Polonia, recreando así una presencia operativa dentro del mercado único. Esta estrategia les permite reducir los plazos de entrega, limitar los costes de importación y dar seguridad a sus socios europeos.
Un nuevo mapa del wholesale europeo
En el fondo, el Brexit no ha provocado la drástica desvinculación que muchos temían, sino que ha acelerado un movimiento de regionalización. ¿Una bendición en la era de la desglobalización y el reenfoque en los mercados locales?
Las marcas europeas han reforzado su posición en su mercado nacional al tiempo que han proseguido su internacionalización hacia Norteamérica, Oriente Medio y Asia. El Reino Unido, por su parte, se ha replegado progresivamente en su mercado interior y en socios comerciales alternativos.
Esta nueva geografía modifica profundamente las estrategias de las marcas. La competitividad ya no se basa únicamente en lo deseable que sea una colección. Ahora depende igualmente de la ubicación del inventario, la fluidez logística, las normas de origen, la capacidad de acortar los plazos de entrega y el control de los costes aduaneros. En otras palabras, la supply chain se ha convertido en un argumento de venta por derecho propio.
El Brexit, catalizador de una nueva Europa de la moda
Diez años después del referéndum, el balance dista mucho de los escenarios catastróficos que se temieron en su día. Las marcas europeas no se han hundido: simplemente han reorientado su crecimiento. En cuanto al Reino Unido, aunque no ha desaparecido del radar, ha perdido definitivamente la posición central que ocupaba antes de 2016.
Una reorganización que pone de relieve un imperativo ahora omnipresente en la industria de la moda y el textil. Ante la fragmentación geopolítica, el resurgimiento de las tensiones comerciales y el reto de la relocalización de las cadenas de suministro, la proximidad geográfica vuelve a imponerse como una ventaja competitiva decisiva.
En este sentido, el Brexit aparece menos como una anomalía económica que como el primer laboratorio de una globalización reimaginada: más regional, más selectiva y plenamente consciente de los costes invisibles del comercio internacional.
O INICIA SESIÓN CON