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El “cuento de la criada” construido por China: adolescentes uigures forzadas a trabajar en fábricas textiles

Por Jaime Martinez

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Una trabajadora en una fábrica de ropa de Huaibei, al este de China, el 1 de septiembre de 2015. Créditos: Zhengyi Xie, NurPhoto vía AFP.

Madrid – Desde una reciente investigación realizada por Radio Free Asia (RFA), se vuelve a acusar a China de emplear mano de trabajo esclava dentro de la cadena de valor para las labores de recolección y explotación del ya más que controvertido “algodón de Xinjiang”. En esta ocasión, denunciando la construcción por parte de las autoridades chinas de un sistema institucionalizado fruto del cual, en colaboración con al menos una escuela de secundaria, las adolescentes uigures estarían viéndose forzadas a entrar a trabajar en fábricas de ropa de la región de Xinjiang, donde permanecerían retenidas y sometidas tanto a maratonianas jornadas de trabajo, como a abusos verbales y físicos.

En base a la investigación realizada sobre el terreno por RFA, y que ha contado con la validación de hasta de cuatro fuentes, incluyendo entre ellas las declaraciones de una funcionaria de una localidad del condado de Maralbeshi, el suroeste de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, y las de un responsable de seguridad de la misa fábrica textil a la que han ido dirigidas las pesquisas, no menos de 90 adolescentes uigures estarían siendo explotadas, con el visto bueno de las autoridades chinas, en la fábrica textil The Wanhe Garment de Maralbeshi, como fruto del acuerdo firmado entre los responsables de la fábrica con los de la escuela secundaria local Yarkant, para estudiantes de entre 15 a 18 años. Un documento calificado como de “secreto de estado” por parte de funcionarios del Gobierno de Pekín en la región, en virtud del cual la escuela, parte del sistema de educación obligatoria de China, estaría enviando a la fábrica textil, y contra su voluntad, a estudiantes de entre 16 a 18 años de edad. Todo ello al tiempo que las mismas autoridades locales se estarían encargando de ejercer una presión efectiva contra los padres de las adolescentes, para que estos no se opusieran al envío de sus hijas hasta la fábrica de confección, tal y como ha alcanzado a asegurar la funcionaria de una localidad de la región, responsable precisamente de tratar de persuadir a los padres para que no se opongan al envío de sus hijas, y quien accedía a participar de la investigación bajo la condición de mantener su anonimato.

Una vez trasladadas a las instalaciones de la fábrica, y siempre en base a la información recopilada por RFA, las adolescentes entrarían a ser una parte más de la plantilla de la planta, junto a las cerca de una docena de mujeres, de entre 30 a 40 años, y a un reducido grupo de hombres que integran su mano de obra, siendo la mayoría de los trabajadores de origen uigur, a excepción de unos cerca de 15 que lo serían de origen chino. Unos “empleados” todos ellos a los que se les impediría abandonar el recinto de la fábrica, dotado de un área de dormitorios donde serían obligados a pasar la noche.

Jornadas de 14 horas bajo amenazas verbales y físicas

Como base de su “jornada laboral”, todas las cerca de 90 adolescentes que se encontrarían siendo explotadas como trabajadoras de la fábrica textil, trabajarían en las instalaciones en jornadas de trabajo de 14 horas al día, los 7 días de la semana, viéndose además sometidas a lo largo de su día de trabajo a abusos tanto verbales como físicos, practicados principalmente por una mujer identificada como Tursungul Memtimin. Una mujer de etnia uigur de mediana edad a la que los trabajadores se dirigirían como “la maestra”, y quien se encargaría de mantener “a raya” a las adolescentes y de que estas dieran buen cumplimiento a su trabajo, no dudando para ello de practicar en su contra insultos, amenazas y hasta, llegado el punto, golpes con un bate.

“Se sabe que ‘la maestra’ tiene muy mal genio” y que “agrede físicamente a los trabajadores usando un bate como medio para infringirles daños”, declaraba a RFA la funcionaria local. “Los trabajadores viven con miedo de ella, y es debido a este ambiente de intimidación que nadie se atreve a escapar”, añade, en lo que no obstante no impidió que, a pesar de la intensa seguridad que existiría alrededor de la fábrica, un grupo de 4 adolescentes lograsen escaparse y regresar con sus familias a la localidad de Charibagh, en el condado de Yarkant, el pasado mes de abril. Una huida que terminó a los pocos días, cuando “la maestra” Memtimin, acompañada de miembros de seguridad de la fábrica, visitó la población para llevar a las adolescentes de nuevo a la fábrica, amenazando a los padres con enviarlos a un campo de “reeducación”, donde existen serias sospechas de que se obliga a los miembros de la minoría uigur a ejercer trabajo esclavo en labores, entre otras, de recolección del algodón, para en el caso de que se negasen en hacer entrega de sus hijas.

Un contrato tildado de “secreto de estado”

Según queda recogido en la misma investigación, como origen de este particular, y perverso, “cuento de la criada” presuntamente construido por las autoridades chinas para las adolescentes uigures, se encontraría el ya mencionado acuerdo “secreto” establecido entre la fábrica textil The Wanhe Garment y los responsables de la escuela secundaria Yarkant, y al que asegura haber tenido acceso la funcionaria local que ha participado de las investigaciones. Un acuerdo del que ni las trabajadoras de la fábrica ni sus familias tenían constancia, que se encontraría firmado por los dos directores de la escuela, de apellidos Qurbanjan y Abdurusul, y en función del cual la escuela alcanzó a enviar al primer grupo de cerca de 90 estudiantes a “trabajar” de manera forzosa en la fábrica textil, allá por febrero de 2017.

En respuesta a estas afirmaciones, desde RFA aseguran haber tratado de ponerse en contacto con los responsables del centro educativo, sin éxito, para que lograran confirmar o negar la existencia del acuerdo, algo que en contra sí terminaron por reconocer dos funcionarios de la Oficina de Educación del Condado de Yarkant. Quienes reconocieron no solo estar al tanto de la situación de los trabajadores, sino igualmente la existencia del acuerdo, cuyo contenido alcanzaron a tildar de “secreto de estado”.

“Conozco el contrato entre la Escuela Secundaria Vocacional y la fábrica de ropa Wanhe”, dijo un responsable de la oficina de educación, bajo condiciones de anonimato. “Se considera un secreto de estado, por lo que no podemos decir nada al respecto a la ligera”, añadía en declaraciones a RFA.

Una confirmación del mencionado documento, al que también no dudó en hacer referencia uno de los guardias de seguridad de la fábrica, confirmando con sus declaraciones su existencia al indicar el que “no puedo decirles si está en el contrato que los trabajadores no pueden salir de la fábrica por su propia voluntad”. Un apunte con el que completaba sus declaraciones sobre esa “maestra”, de la que igualmente reconocía que “los trabajadores se han quejado”, porque “tiene una boca terrible y los maldice”. “Tampoco podemos decir que Tursungul tiene el derecho a castigar y golpear a los trabajadores, pero se ocupa de lidiar con los problemas de los trabajadores”, apuntaba.

Con salarios de 38 a 50 euros al mes

Volviendo a poner el foco sobre esta triste sombra, por su trabajo, según las indagaciones practicadas, la “maestra” estaría percibiendo un salario mensual de unos 6.500 yuanes, unos 823 euros al cambio actual. Un salario infinitamente superior a los cerca de 300 a 400 yuanes mensuales, entre 38 a 50 euros, que aproximadamente estarían recibiendo en el mejor de los casos el conjunto de los trabajadores de la fábrica textil, donde se emplea a un personal en edades comprendidas de entre los 16 a los 45 años, de 7 de la mañana a 11 de la noche, organizados en tres turnos y con descansos de una hora para el almuerzo y para la cena.

“El Gobierno llevó a la fuerza a estos trabajadores para que trabajaran en la fábrica, y no pueden abandonar la fábrica por su propia voluntad”, explica un guardia de seguridad de la misma planta textil. Un recinto cuya actividad se estarían encargando de supervisar un matrimonio de origen chino, contando para ello con el apoyo del jefe del equipo de seguridad de la fábrica y de esa “maestra” uigur, a los que se encargarían de dar directamente las directrices oportunas, siendo estos los responsables de, de manera conjunta, administrar a los trabajadores de la planta.

Un algodón y una industria textil bajo sospecha

Esta investigación viene a sumarse a la larga lista de denuncias practicadas por toda clase de organizaciones, tanto públicas como privadas, desde las que vienen de manera reiterada tratándose de censurar las supuestas prácticas esclavistas que estarían fomentándose desde el Gobierno de Pekín, como mecanismo mediante el que someter y controlar a la minoría étnica de los uigures, oriunda de esta región concreta del noroeste de China. Unas afirmaciones que no han dudado en rechazar de manera insistente desde distintas instancias del Gobierno de Pekín, pero que no obstante ya se han atrevido a dar como directamente confirmadas tanto desde el Gobierno de los Estados Unidos, como desde la misma Organización de las Naciones Unidas. Organización internacional desde la que hacían público, tal y como recogíamos desde FashionUnited hace aproximadamente ahora justo un año, un informe independiente elaborado por el Relator Especial de la ONU para las formas contemporáneas de esclavitud, incluidas sus causas y consecuencias, Tomoya Obokata, desde el que directamente se apuntaba, a modo de conclusión, a que “los trabajos forzosos entre uigures, kazajos y otras minorías étnicas en sectores como la agricultura y la manufactura han estado ocurriendo en la Región Autónoma uigur de Xinjiang de China”.

Previamente incluso a que desde la ONU se abordase de manera tan meridiana la polémica cuestión, ya desde los Estados Unidos se puso el foco en las sospechas sobre las prácticas esclavistas presuntamente fomentadas por el Gobierno chino para la recolección del algodón de Xinjiang, arrojadas por el Center for Global Policy a finales de 2020 mediante la publicación de su detallado informe “Coercive Labor in Xinjiang: Labor Transfer and the Mobilization of Ethnic Minorities to Pick Cotton” (Trabajo coercitivo en Xinjiang: Traslado laboral y movilización de minorías étnicas para la recolección del algodón). Una “sensibilización” hacia lo que vendría habiendo venido sucediendo, y seguiría sucediendo, en esta región de China, que llevaba ya a comienzos de 2021 a que el Departamento de Aduanas y de Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP) adoptase la determinación de dictaminar un bloqueo para todos los productos de algodón producidos en la Región Autónoma china de Xinjiang. Una acción que ha tratado de replicarse desde Europa mediante el proyecto de su directiva de “diligencia devida” para las empresas, de cuyos estudios previos terminó por participar la multinacional de la moda sueca H&M, en lo que terminó provocando su sonado boicot en China en marzo de 2021, como respuesta a las pretendidas acciones, todavía no asumidas por Europa pero sí en vía de tramitación, y de las que se espera que se apruebe y se dé el visto bueno para que la “Comisión examine pormenorizadamente a las empresas con sede en Xinjiang que exportan productos a la Unión, a fin de detectar posibles violaciones de los derechos humanos, en especial los relacionadas con la represión de los uigures”.

Unas sospechas por trabajo esclavo, que han venido persiguiendo a multinacionales tanto de la moda como de otros sectores, de la talla de Inditex, Uniqlo, Sketchers, la francesa SMCP, Nike, C&A, Patagonia, a Volkswagen, Mercedes-Benz o BMW, a las que de manera reiterada se ha llegado a acusar de connivencia con el régimen de Pekín, y de “colaborar” en la institucionalización del trabajo esclavo dentro de sus respectivas cadenas de valor. Unas serias acusaciones que no han encontrado respaldo en los tribunales donde se han llegado a interponer distintas causas en contra de buena parte de esta lista de empresas, que no obstante, y en respuesta, sí han debido de esforzarse por practicar un mayor control para con su cadena de valor, en busca de garantizar así que se cumplen sus directrices de buenas prácticas, y de que ninguno de sus proveedores se alcanza a servir ni a beneficiar de este trabajo esclavo practicado por miembros de la minoría uigur al que estarían sometiéndoles las autoridades chinas.

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