Jessica Pullo: diseño, inclusión y sostenibilidad como modelo de negocio desde Latinoamérica
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Buenos Aires – En un contexto global en el que la industria de la moda revisa sus impactos ambientales y sociales, el trabajo de la diseñadora argentina Jessica Pullo se posiciona como un caso singular dentro del diseño latinoamericano contemporáneo. Su proyecto —que combina arte, moda, inclusión social y reutilización de descartes plásticos— propone un modelo productivo que trasciende el objeto final y pone el foco en las personas que forman parte de la cadena de valor.
El origen de la marca está profundamente ligado al territorio y a una experiencia personal. “Siempre iba para el centro con mi familia y la colectiva (bus) pasaba por la ribera del Riachuelo. Tenía esa realidad todos los días. El humo tóxico, los colores del agua contaminadísima, la quema, todo eso me marcó”, cuenta Pullo en diálogo con FashionUnited.
Esa convivencia cotidiana con la contaminación ambiental se transformó, años más tarde, en el eje conceptual de su práctica profesional.
Diseño con impacto social desde el origen
Formada en diseño en la Universidad de Buenos Aires, Pullo comenzó a especializarse en problemáticas vinculadas a la moda a escala global. Sin embargo, el punto de inflexión llegó con su trabajo sostenido junto a instituciones que acompañan a personas con discapacidad.
Durante ocho años desarrolló textiles junto a equipos terapéuticos y educativas especializadas. “No era un proveedor más. Empecé a ver que esta forma de tejer ayudaba a desarrollar la motricidad fina, la motricidad gruesa, la autoestima. Veíamos mejoras reales”, relata. Ese aprendizaje definió el modelo productivo que hoy sostiene su marca.
Un modelo de producción basado en la inclusión
A diferencia de los esquemas tradicionales de tercerización, Pullo prioriza procesos de capacitación y acompañamiento. “Primero doy una formación gratuita para que aprendan a hacer este textil, y una vez que lo aprenden, ya empiezan a ser proveedores de la marca”, explica.
La diseñadora remarca que no impone condiciones comerciales rígidas: “Yo no pongo el precio de la institución y tampoco impongo tiempos”. Una vez producido el material base, el trabajo continúa dentro de su propio equipo: “Yo hago los diseños y tenemos un equipo que ensamblamos los productos, hacemos las terminaciones y después lo ponemos a la venta en la web y en la tienda”.
Observaciones sobre sostenibilidad
Uno de los puntos centrales del proyecto es el uso de descartes plásticos flexibles, pero desde una mirada crítica sobre los procesos de reciclaje industrial. Pullo es clara respecto a los límites de ciertas prácticas comúnmente celebradas en nombre de la sostenibilidad: “Yo jamás le aplicaría calor a un plástico, porque el operario tiene que respirar ese vapor. Hacerlo todos los días, durante muchas horas, genera un impacto en la salud”. Y agrega: “La idea no es ir vulnerando a las poblaciones vulnerables. No tiene sentido crear un producto nuevo generando contaminación humana o ambiental”.
Por eso define sus piezas como algo más que objetos de diseño: “Nuestros productos son objetos pedagógicos: antes de ser lo que son, fueron parte de un entrenamiento y de una formación”.
Arte, diseño y un consumidor consciente
La práctica de Pullo no se limita a la moda comercial. Su recorrido comenzó en el arte textil y la alta costura experimental, con piezas exhibidas en museos. Con el tiempo, sumó accesorios, objetos utilitarios y propuestas corporativas, sin abandonar la producción artística. “Yo no hago solamente diseño, hago arte”, afirma.
Ese posicionamiento define también a su público: “Mi usuario no es una chica joven fashionista. Es una mujer profesional, que elige propuestas sostenibles desde el arte, desde un concepto más elevado”.
Reconocimiento internacional y proyección global
En los últimos años, el proyecto comenzó a captar la atención de jurados y organizaciones internacionales. Pullo fue nominada y finalista en distintos premios y programas fuera de Argentina, incluyendo iniciativas en India y América Latina.
Sobre la recepción de su trabajo en el exterior, destaca: “Lo que interesa mucho es el modelo de negocios y el nivel de compromiso de la marca. No hay muchas marcas que trabajen con personas con discapacidad intelectual como lo hacemos nosotros, y además hace más de diez años que sostenemos este proyecto”.
Durante su experiencia en India, participó de mentorías y presentaciones institucionales: “Fui a dar un pitch en la casa de la ONU India. La vinculación y la conexión que se generó fue increíble”.
Una mirada latinoamericana con alcance internacional
El caso de Jessica Pullo dialoga con debates centrales de la industria internacional: trazabilidad, inclusión, economía circular y ética del trabajo. Su propuesta demuestra que, desde América Latina, es posible construir modelos que integren impacto social, sostenibilidad real y viabilidad económica. “Hay mucho para desarrollar en la parte pedagógica de la marca y en lo que la hace única”, afirma, al proyectar su trabajo para los próximos meses.
En un escenario global que exige algo más que discursos verdes, su enfoque ofrece una lectura concreta sobre cómo el diseño puede convertirse en una herramienta de transformación social, sin perder identidad ni profundidad creativa.