Un “no” sin culpa: la habilidad que necesitan los equipos de alto rendimiento

Para directivos y empleados de la industria de la moda.
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Imagen ilustrativa de un entorno laboral. Créditos: Pexels
Por Guest Contributor

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En una organización sana, la seguridad psicológica no solo gira en torno al respeto y al comportamiento profesional, sino también a algo que a menudo se subestima: el espacio para establecer límites. Precisamente en la industria de la moda, donde la creatividad, la presión comercial, los plazos ajustados de las colecciones y las relaciones personales se entrelazan constantemente, saber decir un “no” claro pero amable es esencial. No se trata de un rechazo personal, sino de una forma de claridad que, de hecho, fortalece la colaboración.

Con frecuencia tendemos a equiparar la colaboración con la complacencia, el decir que sí y el estar siempre disponibles. La flexibilidad se considera una fortaleza, y lo es, hasta el momento en que los límites se difuminan. Es entonces cuando surgen las interferencias, el agotamiento y la confusión sobre las expectativas. La seguridad psicológica empieza precisamente donde las personas pueden indicar sin miedo lo que es factible y lo que no.

En un contexto profesional, un “no” suele significar: “esto no encaja ahora”, “no puedo hacerlo con la debida atención” o “esto requiere una repriorización”. Ni más ni menos. Un empleado que indica que no tiene tiempo para un proyecto adicional no está siendo difícil, sino cuidadoso. Un directivo que rechaza una solicitud porque no se ajusta al presupuesto o a la estrategia está haciendo lo mismo. El reto no está en el “no” en sí, sino en el tono y el contexto.

El poder de un rechazo respetuoso

Un “no” eficaz es claro, pero no tajante. Directo, pero no definitivo. Se trata de combinar los límites con el reconocimiento.

Para los empleados, podría sonar así:

En lugar de: “No voy a hacer eso”.

Prueba con: “Entiendo la urgencia de esta tarea. En este momento, no dispongo del tiempo necesario para abordarla con la debida atención. ¿Revisamos las prioridades?”.

O: “Me gustaría ayudar con esto, pero primero necesito saber qué otra tarea podría posponerse”.

Para los directivos:

En lugar de: “No hay presupuesto para eso”.

Prueba con: “Comprendo tu propuesta y su valor. No encaja en la planificación y los presupuestos actuales, pero busquemos alternativas juntos”.

La diferencia radica en el reconocimiento. El mensaje sigue siendo el mismo, pero la relación permanece intacta.

Generaciones en el trabajo: diferentes perspectivas

En muchas organizaciones conviven cuatro generaciones. Esto no solo aporta diversidad de experiencias, sino también de expectativas sobre la comunicación y los límites. Los baby boomers a menudo crecieron en estructuras jerárquicas, donde la lealtad y la perseverancia se daban por sentadas. Cuestionar una decisión era menos habitual. La Generación X es más independiente y pragmática. Establecer límites se considera más un acto de realismo que un problema. Los millennials buscan equilibrio, desarrollo y transparencia. La presión laboral y la carga mental son temas que abordan con mayor facilidad. La Generación Z está acostumbrada a la transparencia y a la comunicación directa sobre el bienestar. Expresan sus límites con mayor naturalidad y esperan explícitamente que los directivos también lo hagan. Ninguno de estos estilos es mejor o peor, pero a veces chocan en su interpretación. Un directivo de más edad puede percibir un límite claro como una falta de flexibilidad, mientras que el empleado lo ve como un signo de profesionalidad. A la inversa, un estilo de comunicación directo puede percibirse como duro, aunque su intención sea ser eficiente y honesto.

¿Qué es normal en el entorno laboral?

La seguridad psicológica requiere normas comunes claras. ¿Qué podemos esperar los unos de los otros?

Lo que es normal:

  • Comunicación respetuosa
  • Espacio para hacer preguntas
  • Poder establecer límites sin repercusiones
  • Hablar abiertamente de la carga de trabajo
  • Poder cometer errores sin ser humillado
  • Claridad sobre los roles y las expectativas

Lo que no es normal:

  • Generar sentimiento de culpa al establecer límites
  • Presentar las horas extra estructurales como la norma
  • Presión para estar siempre disponible
  • Reacciones pasivo-agresivas ante un “no”
  • Correcciones o humillaciones en público

El papel de los directivos

Los directivos marcan en gran medida el tono de la organización. No por lo que dicen, sino por lo que normalizan. Cuando un directivo está siempre “conectado”, no establece límites y recompensa implícitamente el exceso de trabajo, ese comportamiento se convierte en la norma. Los empleados no tardan en copiar este patrón. Un liderazgo fuerte reside precisamente en lo contrario: priorizar, delegar y, a veces, decir “no” explícitamente. Esto crea el espacio para que otros hagan lo mismo.

La industria de la moda: velocidad y relaciones

En la industria de la moda todo converge: creación, comercio, plazos e identidad. Las colecciones, los desfiles, las colaboraciones internacionales y la presión de las temporadas generan picos en los que el ritmo parece dictarlo todo. Precisamente en un entorno así, la gestión de los límites es crucial. No para frenar el ritmo, sino para salvaguardar la calidad. La creatividad no florece bajo una presión constante, sino en un entorno donde las personas saben a qué atenerse. Un equipo que se siente seguro para decir “esto no es posible en este plazo” trabaja a la larga de forma más consistente y sólida que un equipo que siempre dice que sí y se sobrecarga en silencio.

Decir “no” amablemente no es un acto de resistencia, sino de responsabilidad. Es una forma de hacer que el trabajo sea sostenible, de clarificar la colaboración y de mantener unas expectativas realistas. Dentro de los equipos, entre generaciones y, sin duda, en un sector tan dinámico como el de la moda, la clave no está en ser siempre complaciente. La clave reside en dar espacio a la honestidad.

Donde un “no” puede existir sin tensión, a menudo surge algo mejor: confianza, claridad y, en última instancia, una mejor colaboración.

Sobre las autoras:

Liesbeth den Engelsman cuenta con más de 23 años de experiencia en la abogacía. Aplica sus conocimientos y experiencia en materia de legislación, normativa y marcos jurídicos relacionados con las conductas inadecuadas y la integridad. Como consejera de confianza, aborda las normas y los valores desde una perspectiva diferente con el objetivo de mejorar el clima laboral de sus clientes.

Melanie van Wijk tiene más de 20 años de experiencia en relaciones públicas, trabajando entre otras para marcas de moda. Conoce como nadie la importancia de la reputación y de una buena comunicación. Aplica sus conocimientos como empresaria y, con su carácter empático y abierto, asiste a los clientes de Kantoor Ethiek como consejera de confianza.

Este artículo fue originalmente publicado en otro idioma dentro de la red internacional de FashionUnited y después traducido al español usando una herramienta de inteligencia artificial.

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